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La Tertulia de Don Alfonso
La "Tertulia de Don Alfonso", -como la llamaban los camareros- se solía reunir
todas la tardes. Eran seis. Primero habían acudido al Café París (esquina
Fruela-Pozos) en donde servían buen café de puchero, mientras, Pepín Siete
Piezas, un excelente pianista que tocaba de memoria y, por cierto, mucho más que
dignamente, a pesar del despectivo calificativo que le habían endosado algunos
"ententidos en música". Después, en el "París" hubo "varietés", una orquesta
femenina de "señoritas napolitanas", y hasta juegos. Esto fue lo que provocó la
"huida" de los habituales clientes de cierta edad y dignidad. Así, el señor
cura, de la "Tertulia de Don Alfonso" propuso que la diaria reunión se
trasladase al "Pabellón Bombé". Estaba en el Campo de San Francisco, donde
muchos años después se instalaría "La Granja" (actual Biblioteca de la Fundación
Municipal de Cultura). La construcción del "Pabellón Bombé" era casi toda de
madera y cristaleras artísticas, rematado por una "elegante" cúpula. Tenía una
parte central de forma octagonal y dos especies de galerías laterales que
recordaban a los invernaderos, pero permitían contemplar el "paseo" del
atardecer en el Bombé. Hacia 1925, el Pabellón Bombé se había puesto de moda.
Antes, el edificio había dado albergue a escuelas públicas -las llamadas "del
bosque"-, y después a un gimnasio de boxeadores, hasta 1924, en el que el
Ayuntamiento ovetense cedió el Pabellón para la instalación de un café a don
Cándido Muñoz, que en el año 25, tenía una numerosísima clientela ya que además
de varios atractivos, contába, además de las refrescantes gaseosas de "boliche",
con un nuevo refresco que era algo estupendo y nuevo en los cafés de la época:
la "naranjada natural". Tanta era la cantidad solicitada que tenían que
"fabricarla" echando las naranjas en grandes barriles y aplastarlas con
monumentales mazos de madera -mayores que los de "mayar" las manzanas para la
sidra- y extraerles el sabrosísimo y natural zumo. Pero, bueno, dejemos las
cualidades del Pabellón Bombé y pasemos a la "Tertulia de Don Alfonso". Habían
comenzado a reunirse bastantes años antes. El señor cura -uno de los
contertulios- aseguraba que en ella se trataba de todo. Pero lo decía en latín
-como la santa misa- "Divinarum ataque humanarum rerum noticia"... Vamos, del
alcalde, de los guardias, del Fontán, del fútbol... del Gobieno. De todo lo que
se terciase. Incluso el último gran invento, el de Marconi: ¡La radio!... Don
Luís, el contertulio aficionado a la música y forofo de la radio, resaltaba,
como adelanto importantísimo, que había leído en un periódico de Madrid que, en
Norteamérica, en 1909, se había transmitido desde el Metropolitano de Nueva York
una actuación del gran tenor Enrico Caruso y que la había escuchado, nada menos
que en Nueva Jersey, Lee de Forest, el inventor de la válvula de "triodo", algo
que dejaba "chiquitas" a las mejores "galenas" del mundo. Manconi en España
-¡Bah! Chaladuras de los "sinhilistas" decía don Pepe, el militar retirado-. La
telefonía sin hilos, o "radio" es más útil para la guerra. Y si no, acordaros
del 1910, al estallar la guerra en el Protectorado de Marruecos. La Primera
Unidad radiotelegráfica de campaña, del capitán Monterde, con emisoras
portátiles prestó unos servicios extraordinarios. Don Alfonso, el abogado,
contaba que en 1912, en una de sus visitas a Madrid, había asistido, en el
Ateneo de la Villa y Corte, a la conferencia de don Guillermo Marconi, en su
primera venida a España, con motivo de la inauguración de la Estación de
Radiocomunicación de Aranjuez. Y repetia: "¡Fue algo asombroso! El futuro y
posibilidades de la radio nos mantuvo absortos a cuantos estuvimos allí. Llegará
el día en que la radio esté en todos los hogares del mundo. Y habrá muchas
emisoras. ¡Incluso una en Oviedo! Las noticias llegarán al momento de
producirse. Naturalmente desaparecerán los periódicos, la radio los suplirá
instantáneamente -presagiaba sin considerar una posible coexistencia de varios
medios de comunicación-. Tened en cuenta que la ley del 26 de octubre de 1907,
es la primera que se dictó sobre la R.S.H. o "Radio", y ya queda extemporánea:
Autoriza la implantación del Servicio Radiotelegráfico en España. Es un
monopolio del Estado, afecto al Ministerio de Correos y Comunicaciones... Don
Luis, comentaba que la gran guerra de 1914, desde el 28 de junio, hasta el 11 de
noviembre de 1918, había quedado detenido el desarrollo de la T.S.H., de la
Radio, que se reanudaría con gran intensidad en los años 1919 al 1921,
principalmente en Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra... No obstante,
en España no se había detenido, al quedar al margen de la guerra. España contaba
con don Antonio Castilla, discípulo de Lee de Forest -el ingeniero
norteamericano inventor de la válvula de tres electrodos "triodo", que bautizó
como "audión", y que fué lo que hizo posible la telefonía inalámbrica a largas
distancias; y con sus válvulas de tres y cuatro electrodos contribuyó
poderosamente y casi decisivamente al progreso del cine sonoro y a la
televisión. Don Luis, aseguraba que, don Antonio Castilla, afirmaba rotundamente
que, Lee de Forest, era el verdadero Padre de la Radio, y que era el que había
convertido en realidad un sueño experimental: la radiodifusión, el cine sonoro;
y la televisión. Pero, además, don Luis, afirmaba que, en 1917, el "adelantado"
de la "Radio", en España había sido don Antonio Castilla, y demostró, por
primera vez en el mundo, que es posible la comunicación entre un punto fijo y
otro móvil, concretamente en las experiencias realizadas entre el vapor "Jaime
I", anclado en el puerto de Barcelona y el "Raimundo Lulio", en ruta para
Baleares. El hecho fue muy resaltado por el popular "Brusi" (diario de
Barcelona) y en otros muchos periódicos de toda España. Era algo asombroso, que
abría amplísimas utilizaciones. Así, en el año 1917, no le resultó muy difícil a
don Antonio Castilla montar en Madrid la "Compañía Ibérica de Telecomunicación",
con el apoyo financiero de unos entusiastas empresarios bilbaínos. Se encargaba
de la construcción de equipos de recepción y emisión de radio. Los talleres
estaban instalados en el Paseo del Rey, cerca de la Estación del Norte. Su
personal era exclusivamente español y comenzaron a trabajar rápidamente a pesar
de que no disponían del material idóneo para la fabricación de válvulas. Don
Antonio Castilla se había convertido en una primera y gran figura de la Radio en
España y en todo el mundo. En el año 1920, el Cuerpo de Telégrafos le encargó
una serie de conferencias que terminaron con la transmisión de un concierto
desde el Palacio de la Exposición, y escuchado a través de un solo receptor
-pero por muchísimo público- en el paraninfo de la Universidad valenciana. Y
siguió la Historia de la Radio en España: la Compañía Ibérica de
Telecomunicación, en 1921, pone en marcha un pequeño emisor en pruebas.
Transmite sesiones de ópera desde el teatro Real de Madrid. Y en el otoño del
año 1922, ante el llamamiento y convocatoria de los hermanos La Riva, se
constituye el "Real Club de España" (así se les llamo). Tambien en el año 1922,
el Rey Don Alfonso XIII escucha la transmisión de la "Marcha Real" en una visita
realizada a la Estación Central de Radiocomunicación de Carabanchel. 1923 un año
clave Pero el año más importante para la Radiodifusión en nuestra Patria es el
1923. Para la "Radio" y para otras cosas de más trascendencia -como decía don
Pepe, el militar retirado-. En 1923 aparecen los primeros receptores "buenos",
españoles, de marca "Ibérica", construidos por la Compañía de don Antonio
Castilla, y con los que se sintonizaban muchas emisoras de todo el mundo, en
onda larga y normal..., claro está que contando tan sólo con unos cuantos metros
de antena exterior. También en el año 1923, se patenta el receptor no radiativo
llamado "neutrodino", del profesor Hazeltine, que, tres años después, podían
adquirirse en Oviedo, poco antes de inaugurarse "Radio Asturias". Asimismo, en
1923, se publicó en España la primera Reglamentación de estaciones
radioeléctricas particulares, en las que están comprendidas las radiodifusoras.
También es de destacar en este año el extraordinario avance en el uso de la onda
corta. En cuanto a los temas de la "tertulia", eran muchos y variados. Don
Alfonso, el abogado, intervenía para decir y aclarar que, un amplio sector del
país había compartido la opinión del capitán general de Barcelona. Fue el 13 de
septiembre de 1923, el general Primo de Rivera daba un golpe de Estado, contando
con la adhesión del Ejército y la simpatía y competencia de la mayor parte del
país, incluidos algunos sectores izquierdistas, como los radicales de Lerroux y
aun los socialistas, que esperaban que aquélla sería la ocasión de acometer las
profundas reformas institucionales que se consideraban necesarias... Don Pepe,
el militar retirado, interrumpía diciendo que el golpe de Estado contaba con la
oposición de los republicanos, de la CNT y de algunos intelectuales y
periodistas prestigiosos... A ello, don Alfonso, aclaraba que el Rey había visto
con simpatía el golpe de Estado de Primo de Rivera, aunque se oponía a la
modificación por decreto, disolvió las Cortes y suspendió la Constitución de
1876, formando Gobierno, no el Directorio, integrado exclusivamente por
militares: nueve generales y un contraalmirante. Don Pepe, el militar retirado,
se ufanaba de que el Directorio había terminado con el pistolerismo y el
desorden público, y de que había reorganizado la Administración y, sobre todo,
que había acabado con la cuestión de Marruecos, que pesaba como una losa sobre
la moral de los españoles. Había comenzado en España una época de paz y orden
social, de prosperidad material y grandes obras públicas, aunque "desde luego"
fueran favorecidas en gran parte por la oleada mundial de expansión económica de
los "felices años veinte" de la posguerra mundial. Sin embargo, don Alfonso, el
abogado, le atajaba diciendo que, en cuanto se refería a la radio, la primera
ordenación legal de la radiodifusión española no había nacido con la dictadura,
sino unos meses antes, con la promulgación del decreto de 27 de febrero de 1923,
que, en su articulo primero definía que la radio "es un servicio público",
monopolio del Estado aunque se añadía en el artículo 7°, que el mismo podrá ser
explotado directamente por la Administración pública o mediante concesión a
particulares. El reglamento provisional de 23 de mayo, amplía la parte
dispositiva del decreto, reconociendo la existencia de dos tipos de emisoras: el
servicio oficial y de interés nacional, explotado directamente por el Estado,
para lo que proyecta crear una emisora central y otras varias en distintos
puntos de España; y el servicio cultural recreativo, etc. que podrá concederse a
empresas particulares... Don Luis, el contertulio aficionado a la música y
verdadero, "forofo" de la radio, se había enterado de que en Barcelona y junto a
don Antonio Castilla, había aparecido otro "adelantado" de la radio; se trataba
de don José Guillén García, que había instalado una emisora experimental en
Montjuit, pero que no había alcanzado el éxito deseado. En cambio, en Madrid, al
fusionarse la "Compañía Ibérica de Telecomunicación" con la entidad "La
Radiotelefonía Española", se crea la primera emisora de servicio regular de
radiodifusión en España: Radio Ibérica, dirigida por Emesto Gswind, que
transmite diariamente, de siete a ocho de la tarde, conciertos y lecturas. La
emisora trabajaba en 550 metros y con una potencia de 500 vatios en antena; es,
en el año 1923, la única y primera emisora española y una de las más potentes de
Europa. Una vez reformadas sus instalaciones, toma parte en el Concurso
Internacional Trasatlántico, mediante sus transmisiones en onda larga, en la
frecuencia de 1.700 metros, siendo -justo es aclararlo- todo su material técnico
de fabricación nacional. Un día, y concretamente el 20 de abril de 1925, la
Tertulia de Don Alfonso ya se había "afincado" en el "Pabellón Bombé", en pleno
corazón del Campo de San Francisco, de Oviedo. A través de sus cristaleras podía
uno entretenerse "contemplando" el paseo que, en las tardes bonancibles, se
organizaba en el paseo del Bombé, al que acudían ovetenses de todas las edades
para "hacer piernas" antes de cenar, tempranito claro, como entonces se
estilaba. Radio Asturias en la nostalgia En el Pabellón Bombé se servia un buen
café y además el nuevo refresco que tenía muchas vitaminas y sabía riquísimo: la
naranjada natural, que se "fabricaba" allí mismo. La Teriulia de Don Alfonso,
como la llamaba Manolo, el atento camarero que les atendía asiduamente, estaba
casi al pleno, sólo faltaba don Jaime, el joven oficial mayor del notario don
Secundino de la Torre y Ordiz, del ilustre Colegïo de Oviedo. Al poco tiempo;
llegó el joven don Jaime, nervioso, excitado e interrumpiendo la conversación
-cosa que no acostumbraba-. Soltó a bocajarro: ¡Hace unos momentos se acaba de
constituir en la notaría de mi jefe, por escritura pública, "Radio Asturias,
S.A. Fundación del Radio Club Asturiano", con domicilio en la calle de José
Tartiere, número dos, bajo, por don Arturo Cima Fernández, ingeniero, don
Alberto Toyos López, empleado, don Manuel García Fernández, fotógrafo; don
Armando González Abad Ojanguren, profesor; don Eugenio López Casielles, don José
María Vallaure Cima, estudiante... "Intelligentibus pauca", exclamó el senor
cura, que -como en la santa misa- empleaba mucho el latín... "A buen
entendedor...", así pues, hoy, 20 de abril de 1925, comienza la historia de
Radio Asturias... Don Jaime, recalcó por si interesa a la posteridad, que la
sede de la sociedad está situada frente a la puerta principal -poco más o menos-
de la Universidad en la antigua calle de San Francisco, pero como es sabido, el
Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, al haber desaparecido el convento e iglesia que
habían justificado el nombre del santo, puso el nombre de José Tartiere, a la
calle de "San Francisco" por acuerdo de 2 de octubre de 1903. El alcalde era don
Ramón Pérez de Ayala (el famoso y célebre escritor, que en 1926, escribiría su
gran novela "Tigre Juan". Y don José Tartiere y Lenegre, aunque bilbaíno de
nacimiento, consagró su vida al engrandecimiento industrial de España y
principalmente de Asturias, en 1903 fue nombrado hijo adoptivo de Oviedo, y el
Rey le concedió el título de Conde de Santa Bárbara de Lugones en 1921. En 1933
se erigió en el Campo de San Francisco, frente a la calle que Ilevaba su nombre,
un monumento, de los escultores Hevia y Laviada. Años más tarde, en plena guérra
civil y siendo alcalde don Plácido Alvarez-Buylla y López Villamil, se acordó
restablecer la anterior denominación a su calle, si bien durante varios años se
mantuvo el rótulo con el nombre del gran ingeniero industrial, hasta que en
1973, al hacerse el nuevo trazado del polígono de Buenavista, se dio su nombre a
la calle que hay delante del estadio Carlos Tartiere. Va de Guillermo Estrada
hasta Ciriaco Miguel Vigil. El pronóstico del señor cura no fue del todo exacto,
ya que la burocracia ya se habia inventado mucho antes que la radio. Primero los
fundadores de "Radio Asturias, S. A. Fundación del Radio Club Asturiano", no
cumplieron con el requisito de inscribir la sociedad en el Registro Mercantil de
Oviedo hasta el día 13 de mayo de 1925. Por cierto, la primera copia de la
escritura de constitución de la sociedad, fue presentada en el Registro el día
12 de mayo, a las once y treinta, según el asiento número 601, folio 103, tomo
diez del diario. Al día siguiente, 13 de mayo de 1925, se transcribió manualmete
al Libro de Inscripciones de Sociedades del Registro Mercantil de Oviedo,
figurando en el tomo 23, hoja 1.268. Don Alberto Toyos López, hacía tiempo que
había presentado su solicitud, en nombre de "Radio Asturias", a la Dirección
General de Comunicaciones, dependiente del Ministerio de Gobernación, que era la
encargada de conceder las licencias a las estaciones radioeléctricas
particulares, de la real orden de 14 de junio de 1924, que clasifica las
estaciones emisoras en cinco categorías. Esta R.O. establece los servicios que
podrán realizar las estaciones de cuarta categoría, es decir las comerciales:
ala transmisión de todo género de servicio de interés o utilidad general como
son: el Boletín Oficial de Noticias, Boletín Meteorólógico, Cotización Oficial
de la Bolsa, conferencias de interés social o educativo, artículos literarios,
concursos musicales, noticias de prensa, artículos de propaganda industrial y
todo cuanto pueda tener carácter cultural, recreativo, moral o de interés
comercial. La Junta Técnica e Inspectora de Radiocomunicación era el organismo
encargado de vigilar la instalación y funcionamiento de las emisoras de cuarta
categoría y también las de la quinta (la de los aficionados). El reglamento
establece el pago de un canon anual para los aparatos receptores de 5 pesetas y
para los receptores instalados en lugares públicos el canon anual es de 50
pesetas. Don Alberto Toyos, recibió la autorización provisional concedida a la
Sociedad "Radio Asturias" para instalar en Oviedo una emisora de radio con el
indicativo E.A.J.-19, con fecha de 5 de junio de 1925. La verdad es que a todos
los socios fundadores de "Radio Asturias" les sorprendió lo del número 19, que
por lo visto era el que se iba adjudicando a las solicitudes por la Dirección
General de Comunicaciones y no al número de las emisoras en pleno
funcionamiento. Así ocurrió que "Radio Ibérica", que funcionó desde antes de la
real orden de 1924, no se dio mucha prisa en solicitar la licencia y se le
adjudicó el número 6 y el número 1 a Radio Barcelona EAJ-1, que se inauguró el
14 de noviembre de 1924. Sin embargo, Radio España de Madrid EAJ-2, se hatüa
inaugurado el lunes; día 10 de septiembre; y en junio, había comenzado a emitir
"Radio Club Sevillano", en Sevilla, con el indicativo "XX", hasta octubre que
empezó a emplear el de EAJ-5, según le había correspondido en la concesión de
licencias. En 1924, existían cuatro importantes emisoras en España y por orden
de antigüedad: "Radio lbérica EAJ-6", "Radio Sevilla EAJ-8", "Radio España de
Madrid EAJ-2" y "Radio Barcelona EAJ-1". Al año siguiente, y concretamente el 17
de junio de 1925, se inauguró la emisora "Unión Radio Madrid EAJ-7": Fue la
primera de la única cadena de radio en España hasta la guerra civil, y a su
inauguración asistió el Rey Alfonso XIII. Después de la guerra y ya contando con
varias emisoras en la península, pasaria a llamarse "Sociedad Española de
Radiodifusión" (Cadena SER). Es prácticamente imposible asegurar con certeza el
número exacto que le habria correspondido a "Radió Asturias", en cuando a la
fecha de inauguración de las emisoras españolas, ya que no coincidían con el
número de su indicativo concedido en las correspondientes licencias. Por
ejemplo, EAJ-12 Radio Madrileña, se inauguró el 12 de diciembre de 1926, es
decir, después de EAJ-19 Radio Asturias; y, por el contrario, EAJ-22 Radio
Salamanca, se inauguró el 11 de abril de 1926. Por otro lado, EAJ-4, Estacíón
Castilla, inaugurada el 19 de octubre de 1925, construida por el ingeniero del
Cuerpo de Telégrafos don Antonio Castilla, fué acusada de ser una "pantalla" de
"Radio Ibérica" y ocupar una mayor franja horaria de emisión en Madrid, ya que
la Junta Técnica e Inspectora prohibia las emisiones simultáneas en una misma
ciudad, y los horarios debían repartírse. Otro caso fué el de Valencia, que en
marzo de 1925 inauguró una emisora en el Hotel Palace y se instaló otra en el
Hotel Reina Victoria, pero dejaron de funcionar al poco tiempo, y en Valencia no
se consiguió una radio hasta 1931, "Radio Grao". También influía la mayor o
menor tardanza de la Dirección General de Comunícaciones en elevar a definítiva
la concesión. Por ejemplo, a Radio Asturias EAJ-19, se le concedió la
autorización el 5 de junio de 1925, pero no la definitiva, que tuvo fecha de 26
de julio de 1926. Gracias a la previsión de don Alberto Toyos, que ya había
instalado los equipos y tenía todo dispuesto y así pudo inaugurarse la primera
emisora de Asturias el 3 de agosto de 1926. En cuanto a una curiosidad
financiera, fue el del capital social inicial de Radio Asturias si se le compara
con el de EAJ-7 Unión Radio Madrid, inaugurada un año antes y creada por las
empresas eléctricas españolas, y en su mayor parte filiales de multinacionales
del sector eléctrico americanas, alemanas, francesas e inglesas: AEG-Telefunken,
Acolian, S. A., Compañía General de Electricidad, Lámparas Metal, Compañía
Nacional de Telegrafia sin Hilos, Marconi, Compañía Telefónia Nacional de
España, Electrodo, S. A., Omnium Ibérico Industrial, Radiola, Sociedad Española
de Acumuladores Tudor, Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas, Radio
Corporation of America y Bell S. A. Westem Electric. Su capital fué de cincuenta
mil pesetas, mientras que Radio Asturias, creada por personas particulares,
ascendió, según consta en la escritura de constitución de ochenta y cinco mil
pesetas, casi el doble. Pero, volvamos a la "Tertulia de Don Alfonso", en el
Pabellón Bombé. Por aquellos días de las primavera de 1926, don Pepe, el militar
retirado, no cesaba, a la menor oportunidad, de alabar el gobierno de la
dictadura de Primo de Rivera: la paz y la prosperidad y señalaba: "La Dictadura
del general Primo de Rivera proporciona la mejor época para los españoles de
todo el siglo XX". (Entre otras cosas, en el aspecto social la política de la
Dictadura era ciertamente original, basada en la colaboración con la UGT y el
Partido Socialista, cuya cabeza, don Francisco Largo Caballero, sería nombrado
consejero de Estado). "De este modo -añadía don Pepe- se integra en la vida
política un considerable sector obrero, a través de los "comités paritarios",
organismos mixtos de patronos y obreros, que influyen en la vida política del
país y en progreso de la legislación laboral". Pero hablando de legislación, don
Alfonso, el abogado, no perdía ocasión de comentar todo lo que se refería a la
radiotelegrafía sin hilos, a la "radio", que, en aquellos días, era tema
principal en todas las tertulias ovetenses. Don Alfonso aseguraba que, la
presencia de "Radio Ibérica" en Madrid, era lo que había movido al Directorio la
promulgación del reglamento definitivo, ordenador de la radiocomunicación, el
día 14 de junio de 1924. En él se dictaban las normas a las que podían acogerse
las emisoras de radiodifusión, denominadas de cuarta categoría, limitando sus
potencias a una máximo de 8 kilovatios y pudiendo emitir entre los 300 y 440
metros y los 460 y los 500. Se permitia la inclusión de 5 minutos de publicidad
por hora y se obligaba las emisoras a la gratuita prestación de todo servicio de
interes público, asi como a fomentar y mantener una linea cultural, recreativa,
moral... "¡Naturalmente! ¡El general está en todo!" -interrumpia don Pepe
entusiasmado- pero don Alfonso añadia que eso de limitar el tiempo de la
publicidad debio ser a que la emisora madrileña "Radio Ibérica" fomentaba la
compra de aparatos receptores "de lámparas" que fabricaba su Compañía, y que
eran los primeros anuncios comerciales radiofónicos en España. Y como dato
curioso, agregaba que el siguiente 14 de julio y al amparo de este reglamento,
don José Guillén García, en nombre de la "Asociación Nacional de Radiodifusióna,
creada por él mismo, para "Radio Barcelona", solicitaba la primera concesión,
que recibió el indicativo de EAJ-1, mientras que a "Radio Ibérica" se le
adjudicó el número seis. "¡Eso fue que no se enteró el general!" -gritó don
Pepe- y, además; eso del indicativo EAJ, no ha servido más que para bromas.
Fijaos que ese indicativo intemacional que corresponde a España, para algunos
significa "Estación Ampliamente Justificada", "Esperanto, Astronomía y
Jurisprudencia", "Establezcamos Algunas Jerarquías", "Es Algo Jeroglífico",
"Emitimos Anuncios Jocosamente..." Entonces, ante esta serie de
interpretaciones, intervino don Luis, un contertulio aficionado a la música y
"forofo" de la radio, añadiendo: "Estamos Armando Juerga", ¿Es Así Jauja?"... Y
claro, ante esta larga letanía, tomó la palabra el señor cura, en latín, para
añadir: "·Comendate Ad Dominum" "¡Pero, señor cural -cortó don Pepe- eso no
lleva las iniciales E.A.J." "En castellano, sí" -aclaró el señor cura- "Fíjense:
Encomendaos A Jesús", es nombre hebreo y no tiene traducción latinística pura, y
empleo la equivalente licencia literaria de "Señor". Pero, además, he oído
algunas más en castellano: "Esto Acarreará Jaleo", "Émisiones Artísticas
¡Jamás!" y "Entregadnos Al Juzgado". Cierto día, don Jaime, el joven oficial
mayor de la notaría ovetense de don Secundino de la Torre y Orviz, llevó a la
tertulia una copia de la escritura de constitución, que "rezaba" así (ló de
"rezaba" era simplemente porque le dio lectura el señor cura)... "Radio
Asturias, S. A. - Fundación del Radio Club Asturíano", sociedad anónima,
domiciliada en Oviedo, calle de José Tartiere, número dos, bajo. Don Arturo Cima
Fernández, ingeniero; don Alberto Toyos López, empleado; don Manuel García
Femández, fotógrafo; don Armando González Abad Ojanguren, profesor; los cuatro
casados; don Eugenio López Casielles y don José María Vallaure Cima, solteros,
estudiantes, todos mayores de edad, vecinos de esta población, constituyen una
sociedad anónima con sujeción a los siguientes estatutos: CAPITULO UNO:
DENOMINAClON, DOMICILIO Y FINES SOCIALES: Artículo primero: Con sujeción a lo
prescrito en el vigente Código de Comercio, en el Reglamento de las estaciones
radioeléctricas y en lo que se determina por estos Estatutos, se constituye una
Sociedad Anónima que se denominará "RADIO ASTURIAS, S. A. - FUNDACION DEL RADIO
CLUB ASTURIANO". Artículo segundo: La Sociedad tendrá su domicilio en Oviedo,
calle de José Tartiere, número dos, bajo. Artículo tercero: Será objeto de esta
Sociedad la instalación en Oviedo de una estación emisora de telefonía sin
hilos, procurando por todos los medios conseguir que esta estación tenga el
suficiente alcance para hacer llegar sus emisiones hasta los asturianos
residentes en América. Artículo cuarto: Esta Sociedad habrá de trabajar como
éstación de radiodifusión, comprendida en la cuarta categoría, artículo diez y
nueve, del actual Reglamento de estaciones radioeléctricas. Artículo quinto: Si
se alterase el régimen actüalmente establecido por la Ley y Reglamentos de las
estaciones radioeléaricas, podrá esta Sociedad acogerse a aquellas disposiciones
que mejor se atengan con iós fines sociales expresados en el artículo tercero de
estos Estatutos. CAPITULO DOS: CAPITAL SOClAL: Artículo sexto: El capital social
se fija en OCHENTA Y CIÑCO MIL DOSCIENTAS PESETAS, representadas por mil
setecientas cuatro acciones nominativas, de cincuenta pesetas cada una, en
extractos de inscripción que se expedirán, firmados por dos vocales del Consejo,
haciendo constar las acciones que posee el accionista titular de la inscripción.
El señor cura siguió dando lectura al documento. El Capítulo tres se refería a
la Administración de la Sociedad. El Capítulo cuatro, a las Juntas generales. El
Capítulo cinco: Duración de la Sociedad y Disposiciones transitorias, etc. etc.
La verdad es que; a pesar de estar escrito en cursada letra inglesa, costaba
leerlo; al menos al señor cura, que ya tenía la vista algo cansada..., Pero, los
asistentes a la tertulia se enteraron de quienes iniciaron la Sociedad que iba a
instalar la primera emisora en Asturias y una de las primeras de España...
(Permítasenos puntualizar que, en aquella época, además de la escasa potencia
del emisor, había que añadir los terribles ruidos y pitidos que se producían en
los receptores de lámparas·, que funcionaban con corriente eléctrica y antena
exterior. El sonido puro únicamente se lograba con el limitado alcance de los
receptores de galena). Un día, a finales de julio de 1926, don Luis, centró el
tema de la tertulia en las emisiones de prueba de la "Emisora Radio Asturias".
Los amigos de don Alberto Toyos López y accionistas de la Fundación del Radio
Club Asturiano, por un lado, y por otro algunos "enemigos" o "agoreros
derrotistas", quisieron comprobar el alcance y calidad de Ias emisiones de
prueba. Los primeros se trasladaron en coches de caballos, ya que aunque en
aquel año Oviedo ya contaba con un buen número de taxis de motor y que por
cierto, aparcaban en la zona de la prolongación de la calle de Uría, en la plaza
de La Escandalera y en las otras tres callés de la plaza lo hacían los de
caballos. Además se consideraban más eficaces los taxis de caballos ya que el
ruido de los motores podía influir e incluso modificar o impedir la audición. El
primer coche de caballos, equipado con un receptor de gasolina, fue hacia
Colloto. Había sido alquilado en la "parada" de la plaza de La Escandalera. El
segundo, también con su correspondiente galena y unos buenos auriculares
"Brunet", se dirigió a San Esteban de las Cruces; el tercero tomo , el camino de
La Corredoria; y el cuarto fue a situarse en lo que entonces eran "praus" en las
afueras y hoy zona urbana del polígono de Buenavista. En cuanto a los
"enemigos", que intentaban poder demostrar que la emisora no podía escucharse
desde un poco lejos, pusieron un "cerco" de potentes "galenas en el Naranco, la
Argañosa, carretera de las Segadas y otros puntos cercanos a Oviedo, ya que
desconfiaban del alcance y potencia de un emisor de 100 vatios "teoricos"...
Pero... lo cierto fue, que el resultado, sobrepasó con mucho las mas optimistas
previsiones de don Alberto Toyos y los "suyos" y en los locales de la nueva
emisora se recibieron las primeras cartas de "radioescuchas". Eran
felicitaciones desde Gijón, Avilés e incluso desde Teverga. La prueba de la
nueva "Radio Asturias EAJ-19" de Oviedo constituyó un gran éxito y alcanzó una
resonancia inaudita en toda Asturias de aquel Julio de 1926. |
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